Si hoy te quiere mucho y mañana te ignora, no es amor confuso, es adicción. Descubre por qué no puedes dejar una relación intermitente y cómo salir.

Hoy eres su prioridad, mañana no existes. Hoy te escribe poemas, mañana te deja en visto 12 horas. Y tú, en una montaña rusa emocional que confundes con pasión.

Esto no es una relación complicada. Es un vínculo con refuerzo intermitente. Es el mismo mecanismo que engancha a las tragaperras: a veces toca premio, a veces no, y tu cerebro se vuelve adicto a esperar el premio.

Por eso no puedes soltarlo. No estás enamorada de él, estás enganchada a la dopamina de la duda.

Señales de que estás en un vínculo traumático:

Justificas lo injustificable: "Es que tiene mucho estrés, es que tuvo una infancia difícil..."
Tu vida gira en torno a su respuesta. Si te escribe, tu día es bueno. Si no, se hunde.
Te has encogido. Ya no dices lo que piensas, no te vistes como quieres, no ves a tus amigas para no molestar.
Tienes la intuición clara de que ahí te haces daño, pero la idea de irte te da pánico.
No te quedas porque seas tonta. Te quedas porque en algún momento de tu vida aprendiste que el amor duele y que hay que ganárselo.

No se sale entendiendo por qué el otro es así. Se sale entendiendo por qué tú te quedas donde te duele.

La pregunta no es "¿por qué me hace esto?", la pregunta es "¿qué herida mía me hace creer que tengo que aguantar esto para ser querida?".

Ahí empieza la libertad.

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